
Serie Criaturas Urbanas #1
Para los que frecuentamos el transporte urbano tradicional es común encontrar estos personajes. Los profesionales del volante, seres a los que confiamos nuestro transporte, y su entorno, el bus, son Criaturas Urbanas por excelencia.
Si se tiene un poco de paciencia y buen ojo, se concluye fácilmente que un bus urbano es la esencia misma de la cultura. Un lugar donde se encuentran Yayita (la novia de Condorito) y el Niño Jesús de Praga, merece mi personal atención.
Pero más allá de estos pincelazos de la cultura popular material ecuatoriana, un bus tiene varias dinámicas. Una de las peores, casi insufrible, es la hora pico. Este concepto, conocido por todos, se expresa entre las 6:30 y las 9 de la mañana, reaparece brevemente al medio día, y tiene su clímax entre las 5 y las 8 de la noche. Es la hora en la que el busero es el rey.
Personajes
Dentro de este micro habitad llamado bus, hay dos claros protagonistas:
El busero, o chofer del bus, hombre que normalmente ha comprado su título de chofer profesional, resultado de un proceso social terrible. Su pago es por horas, y depende de la cantidad de personas que logre llevar. Su horario de trabajo, en su afán de hacer más dinero, se extiende entre las 5 de la mañana u las 8 de la noche, tiempo durante el cual aspira el plomo que genera su propio gremio. Bajo estas condiciones, es apenas lógico un ser huraño, grosero y hasta agresivo. Pero su oficio trae consigo la venganza: él decide quien llega a tiempo y quien no, con solo permitir el acceso a su unidad.
El controlador, escalafón más bajo que busero, trabaja bajo las misma condiciones que su compañero. A la vez, es cajero, se encarga de “arreglar” problemas con la policía, arrear a los usuarios del medio de transporte, y sus indicaciones son responsables del 50% de las infracciones que el busero comete. Es un galán popular, al tener mayor posibilidad de contacto con el sexo opuesto que su compañero, con estrategias que van desde la sutileza de un sonido indeterminado (algo así como psss, psss) hasta la grosería inmisericorde. Sueña con tener el dinero suficiente para comprar su licencia y ascender a busero.
Las 10 normas.
Una vez identificados los personajes, vamos al grano: las diez normas que rigen el transporte urbano durante la hora pico:
- Siempre cabe uno más: Esta regla debería ser analizada por científicos, pues desafía a la física: ¿es posible que el espacio aparentemente limitado de un bus albergue infinitos usuarios?
- Policía = Peaje: Esta regla se ve reforzada por la ya clásica “Deme pagando la multa”
- “Las calles son MI lugar de trabajo”: esta frase justifica el insultar e irrespetar a vehículos particulares. Si usted no es busero, entonces hace turismo en las calles. Se ve reforzada por la palabra clave “¡dentre, dentre!”
- Pasajero = Costal de Papas: se demuestra con la palabras “alce”, usada para bajar ligeramente la velocidad, permitiendo la subida del usuario en cuestión.
- Sobrevivencia del más fuerte: por selección natural, el sistema de transporte público separa a los débiles: ancianos, discapacitados, mujeres embarazadas, niños, son presa fácil del bus urbano, por lo tanto:
- Si tiene más de 60 y/o es discapacitado, quédese en su casa o ahorre para el taxi, el servicio de transporte público ya no es para usted.
- Si está embarazada, espere a que su niño tenga más de 8 años y usted pueda usar el bus sola.
- Si tiene menos de 15 años, espere entre 1 y 15 años para salir del grupo de riesgo. No albergue la mínima esperanza de pagar la mitad de su pasaje.
- El concepto de proxémica es un mito: como consecuencia de la regla 1, su espacio interpersonal será brutal y constantemente ultrajado.
- Si usted es mujer, aténgase a las consecuencia: de la anterior, se concluye la alta posibilidad de ser tocada indebidamente por el no tan culto personal masculino.
Como conclusión, el bus es un espacio más cercano a las reglas naturales que a la democrática y utópica humanidad. Si usted es de los que no soñamos con tener auto, analice estas normas, y prepárese física y sicológicamente para sobrevivir en uno de los espacios más hostiles de nuestra selva de cemento.
Para los que frecuentamos el transporte urbano tradicional es común encontrar estos personajes. Los profesionales del volante, seres a los que confiamos nuestro transporte, y su entorno, el bus, son Criaturas Urbanas por excelencia.
Si se tiene un poco de paciencia y buen ojo, se concluye fácilmente que un bus urbano es la esencia misma de la cultura. Un lugar donde se encuentran Yayita (la novia de Condorito) y el Niño Jesús de Praga, merece mi personal atención.
Pero más allá de estos pincelazos de la cultura popular material ecuatoriana, un bus tiene varias dinámicas. Una de las peores, casi insufrible, es la hora pico. Este concepto, conocido por todos, se expresa entre las 6:30 y las 9 de la mañana, reaparece brevemente al medio día, y tiene su clímax entre las 5 y las 8 de la noche. Es la hora en la que el busero es el rey.
Personajes
Dentro de este micro habitad llamado bus, hay dos claros protagonistas:
El busero, o chofer del bus, hombre que normalmente ha comprado su título de chofer profesional, resultado de un proceso social terrible. Su pago es por horas, y depende de la cantidad de personas que logre llevar. Su horario de trabajo, en su afán de hacer más dinero, se extiende entre las 5 de la mañana u las 8 de la noche, tiempo durante el cual aspira el plomo que genera su propio gremio. Bajo estas condiciones, es apenas lógico un ser huraño, grosero y hasta agresivo. Pero su oficio trae consigo la venganza: él decide quien llega a tiempo y quien no, con solo permitir el acceso a su unidad.
El controlador, escalafón más bajo que busero, trabaja bajo las misma condiciones que su compañero. A la vez, es cajero, se encarga de “arreglar” problemas con la policía, arrear a los usuarios del medio de transporte, y sus indicaciones son responsables del 50% de las infracciones que el busero comete. Es un galán popular, al tener mayor posibilidad de contacto con el sexo opuesto que su compañero, con estrategias que van desde la sutileza de un sonido indeterminado (algo así como psss, psss) hasta la grosería inmisericorde. Sueña con tener el dinero suficiente para comprar su licencia y ascender a busero.
Las 10 normas.
Una vez identificados los personajes, vamos al grano: las diez normas que rigen el transporte urbano durante la hora pico:
- Siempre cabe uno más: Esta regla debería ser analizada por científicos, pues desafía a la física: ¿es posible que el espacio aparentemente limitado de un bus albergue infinitos usuarios?
- Policía = Peaje: Esta regla se ve reforzada por la ya clásica “Deme pagando la multa”
- “Las calles son MI lugar de trabajo”: esta frase justifica el insultar e irrespetar a vehículos particulares. Si usted no es busero, entonces hace turismo en las calles. Se ve reforzada por la palabra clave “¡dentre, dentre!”
- Pasajero = Costal de Papas: se demuestra con la palabras “alce”, usada para bajar ligeramente la velocidad, permitiendo la subida del usuario en cuestión.
- Sobrevivencia del más fuerte: por selección natural, el sistema de transporte público separa a los débiles: ancianos, discapacitados, mujeres embarazadas, niños, son presa fácil del bus urbano, por lo tanto:
- Si tiene más de 60 y/o es discapacitado, quédese en su casa o ahorre para el taxi, el servicio de transporte público ya no es para usted.
- Si está embarazada, espere a que su niño tenga más de 8 años y usted pueda usar el bus sola.
- Si tiene menos de 15 años, espere entre 1 y 15 años para salir del grupo de riesgo. No albergue la mínima esperanza de pagar la mitad de su pasaje.
- El concepto de proxémica es un mito: como consecuencia de la regla 1, su espacio interpersonal será brutal y constantemente ultrajado.
- Si usted es mujer, aténgase a las consecuencia: de la anterior, se concluye la alta posibilidad de ser tocada indebidamente por el no tan culto personal masculino.
Como conclusión, el bus es un espacio más cercano a las reglas naturales que a la democrática y utópica humanidad. Si usted es de los que no soñamos con tener auto, analice estas normas, y prepárese física y sicológicamente para sobrevivir en uno de los espacios más hostiles de nuestra selva de cemento.