
Señores
Protección Animal Ecuador:
Los Hechos:Mi esposa y yo adoptamos una mascota en su institución, en octubre de 2009. Nos llamó mucho la atención su programa de adopciones, y decidimos apoyar esta iniciativa. Así llegó a nuestra casa Lila. La perrita creció rápido y fuerte, después de un episodio de moquillo que sus veterinarios ayudaron a curar, junto con muchos cuidados.
Dentro de nuestros compromisos está la esterilización de la mascota. Procedimiento al que accedimos el 1 de junio de 2010. El procedimiento se hizo acompañado de una extracción de las uñas superiores, recomendación del veterinario de la PAE. Esa noche, Lila se mordió los puntos de una de sus patas, razón por la cual la llevamos al día siguiente nuevamente.
El veterinario de turno (visiblemente agripado y distraído) procedió a aplicar anestesia local para coger los puntos sueltos. Nos llamó la atención su falta de pericia, pues lo hizo después de varios intentos. Al aplicar la anestesia con la aguja, Lila comenzó a salivar inmediatamente, cosa que señalamos al veterinario. No puso atención a nuestra observación.
En el transcurso del día, Lila siguió salivando cada vez más, a lo que se sumaron una serie de convulsiones. En la tarde nos comunicamos con uno de sus veterinarios. Nos recomendó vigilancia y si continuaba, llevarla al día siguiente. A la noche, fue lo peor. Lila no paró de convulsionar en casi 4 horas, en las que perdió el control de esfínteres, la ubicación (chocaba contra paredes y muebles) en una noche que nunca olvidaremos, por el sufrimiento del animalito. Al día siguiente (jueves 3) estuvimos en la PAE a las 8:30 en punto.
Luego de un breve chequeo, el veterinario de turno hizo su diagnóstico: epilepsia, desencadenada por la anestesia general de la esterilización. Otro de sus veterinarios, al oír nuestra descripción, hizo otro diagnóstico: envenenamiento. Su observación, una vez más, no fue tomada en cuenta. Lila fue inyectada con un calmante, y recetada con medicación anticonvulsionante.
Con los síntomas silenciados por la medicación, Lila quedó tumbada en su cama. Se quejaba con llantos cortos, y sus pupilas se volvieron a dilatar. A las 14:30 de ese día, murió.
Las conclusionesLila fue, simplemente, mal diagnosticada. Era alérgica a la anestesia local, concluyó su veterinario tratante luego de analizar los hechos. Diagnóstico real, coherente (por los síntomas) pero tardío. Nuestra querida mascota estaba muerta.
Las consecuenciasEl dolor que siente hasta hoy la familia, es indescriptible. Una mascota es parte de nosotros, de nuestras vidas.
El objetivo de esta carta no es la venganza, ni busca castigos o retaliaciones. No incluye el nombre de ninguno de sus veterinarios (que los tenemos). No busca desprestigiar su institución. Solo queremos que esto no le pase a nadie más. Nunca más.
A pesar de lo raro del caso, es sorprendente por decir lo menos, como se puede ignorar una observación de los dueños de la mascota (Lila comenzó a tener síntomas en el momento mismo de la aplicación de la anestesia, síntomas que fueron ignorados) o cómo se puede hacer un diagnóstico tan ligeramente (epilepsia en lugar de alergia al medicamento) pasando por alto inclusive la segunda opinión de otro veterinario, y rectificarlo una vez que Lila estaba muerta.
Si es que la PAE quiere continuar con sus servicios, recomiendo que sean muy tomados en cuenta este tipo de errores. Es bien conocido que una persona insatisfecha mal recomienda un servicio al menos con 8 personas. Por eso, pido rectificaciones en sus procedimientos, mucho más cuidado en la selección de sus veterinarios, y como estos aplican criterios y diagnósticos. Su institución lleva a cabo una noble labor, que se puede ver muy perjudicada por “detalles” como estos.
Y así como se hace seguimiento para la esterilización de las mascotas, seguimiento para cuidar el lugar donde viven, me parecería justo un seguimiento a este tipo de casos, que incluyan un “perdón, lo sentimos mucho”.
Es muy valiente reconocer los errores. Y aprender de ellos.
Atentamente,
Freddy Alvear B.
C.I. 171369129-1